La elaboración de los vinos de Oporto comienza igual que la de los vinos tradicionales, pero la fermentación se detiene a mitad del proceso al añadir aguardiente. Al interrumpir la fermentación, el alcohol añadido conserva parte de los azúcares naturales. Por ello, los vinos de Oporto son a la vez dulces y ricos en alcohol.

A principios del siglo XVIII se empezó a añadir aguardiente al vino justo después de la fermentación. Esta práctica ayudaba a proteger el vino de enfermedades, mejorar su sabor y permitirle soportar las duras condiciones de transporte en los largos viajes.